UN CRÍTICO ESPECIALISTA DE LA VELOCIDAD





Paul Virilio, El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Ed. Manantial, Buenos Aires. 1996.

David Alberto Fuks

De profesión urbanista, Paul Virilio es en realidad un pensador inclasificable autor de numerosos trabajos tales como El horizonte negativo, El espacio crítico, La máquina de visión, Estética de la desaparición, Defensa popular y luchas ecológicas, Velocidad y política, etc..

Miembro del equipo Any que no hace mucho organizara en Buenos Aires el encuentro internacional de pensadores Any Body, permanente colaborador de la revista Chimères otrora dirigida por Gilles Deleuze y Félix Guattari, Virilio ha trascendido por sus teorizaciones sobre la velocidad como elemento constitutivo de nuestra época, abrevando en las fuentes clásicas y contemporáneas de la filosofía. Aún en vida de los autores del Anti-edipo, Virilio animaba las polifónicas tertulias políticas de los intelectuales que se reunían en el departamento de Félix en la rue Saint Saveur a pensar y a hacer sobre la ciudad.

De entre sus conceptos más creativos recordamos el de contaminación dromosférica (de dromos, curso, trayecto), como fenómeno desapercibido de polución de la superficie que alcanza al espacio-tiempo de nuestro planeta. Es que el ambiente geofísico es descalificado en su profundidad de campo por los diversos medios de transporte y comunicación instantáneos vulnerando así las relaciones del hombre con el entorno.

El arte del motor forma parte de una serie temática que parece tan inagotable como las innovaciones tecnológicas, como si Virilio se hubiese propuesto una historia de la velocidad del mismo modo que Foucault lo intentó con la sexualidad. Esta asociación no es caprichosa, de hecho Virilio reconoce a Foucault como uno de sus interlocutores pero es arriesgado soldar a nuestro autor a cualquier disciplina.

Uno de sus capítulos (El efecto de empequeñecimiento) ilustra acerca de los golpes de estado informacionales de una prensa telecrática-estrechamente ligada a los medios financieros y diplomáticos -obsesionada por la aceleración y apoyada en un público cada vez mas apurado y numeroso, arremetiendo contra el estado de derecho desde el siglo XVIII hasta la actualidad.

Particularmente interesante es el acento que Virilio coloca en las metáforas militares de la prensa en la que la información se impone a la realidad del acontecimiento: almas torpedeadas, batallas contra la censura, campaña contra el empréstito, guerra contra tal o cual cosa, camuflajes y trucos varios, estados mayores de los consejos de redacción, condecoraciones tales como el premio Pulitzer, etc.

No hay dudas que este libro va a circular velozmente en los ámbitos de las ciencias de la comunicación transmitiendo las reflexiones éticas de Virilio por el "sometimiento discreto del ser a las máquinas inteligentes". Algunas de ellas hacen a su perturbación por el rechazo al prójimo (y lo próximo), es decir por la desaparición y ausencia de la gente real debido a la proliferación anárquica de los instrumentos de comunicación (verdaderas prótesis) que hacen que la velocidad sea la información misma cuando la información tiene sólo valor por la rapidez de su difusión. Aceleración que borra las diferencias y confunde tanto el aquí y el allá como el presente y el futuro o lo real y lo irreal. "Si el mundo se cierra sobre sí mismo y, según Merleau-Ponty, se convierte en un mundo terminado, la necesidad de su superación resulta evidente", dice Virilio mientras la emprende contra el nuevo imperialismo del pensamiento instrumental que con las nuevas tecnologías de realidad virtual está invitando al descubrimiento de un universo de sustitución surgido del big-bang de la energía de la información.

"Mañana, si no tenemos cuidado, sentiremos nostalgia no sólo de la historia y de su geografía, sino también añoranza por el espacio y los tiempos perdidos", escribe Virilio como advertencia a un mundo -no todo el mundo- que quizás, sin saberlo, ya accedió al siglo XXI a un costo demasiado alto.


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